Relato corto "Con todo el amor que tengo"
Con todo el amor que tengo
El viento acaricia mi piel, puedo sentir como mueve mi cabello, pero no quiero abrir los ojos. Sé que si lo hago eso a lo que tanto temo habrá sucedido y si lo veo deberé aceptarlo. Puedo esconderme dentro de mí misma, si no lo miro no tendré que afrontar la dura realidad. Mis manos tiemblan mientras sostengo mis rodillas, estoy convencida de que si lo veo y ya no está ahí me desmoronaré.
Así me encuentro segura, con su voz silenciosa llamándome, la tierna caricia todas las mañanas y el dulce sonido de los pájaros en nuestras caminatas. Recuerdo cuando nos conocimos, no sé bien como era mi vida antes de que él estuviera en ella, pero si tengo algo claro, después de él nada volvió a ser igual. Por más de cinco mil cuatrocientos setenta y cinco días cambio mi vida, ahora no puedo parar de sentir su aroma en mi memoria. Me concentro en recordar y en una agridulce sensación de que es todo lo que nos queda.
Mis parpados están agotados de permanecer esforzándose por no ver ni un rastro del exterior, quizás pasaron semanas e incluso meses, me negaría eternamente a verle, pero es que lo acepte o no él se ha ido y yo sigo aquí. Rota, ahogándome en emociones que duelen y acarician, sofocándome entre ser fuerte y desmoronarme.
Siento las lágrimas salir de mis ojos y luego un grito sin sonido desborda mi cuerpo, extiendo mi garganta queriendo expulsarlo, pero nada se escucha. A mi alrededor debe haber alguien más, estoy segura, aunque no los puedo ver solo está él ahí sobre el sofá sin emitir jadeos ni tratando de tocarme como siempre, «es un cuerpo inerte», eso me dice mi mente, pero yo quisiera abrasarle de la forma en que hago a cada instante en que me siento triste y escuchar su corazón latiendo. Sin embargo, sé que todo es en vano.
Su cuerpo ya no se mueve, no respira ni siquiera mi mente me hace el favor de engañarme con visiones de lo que desearía observar. Está ahí la horrible, cruel y cruda realidad. No tengo ni un segundo de mentiras piadosas y me pregunto esto será así siempre. El mundo sin su presencia no es mundo y la risa sin su lindo rostro presente no volverá a ser real.
Decir adiós en ocasiones solo es para guardar las apariencias, porque en el corazón existen seres amados que nuca se irán, dolerá sí, pero no cambiaría nada si puedo atesorar todo lo que tuvimos.
Stephanie Martínez
Este relato esta dedicado a ese amor que solo llega una vez en la vida.




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